Poesía estatal

I

Esta noche voy a leer

un poema que no se sostiene

en el papel.

Un poema para ser leído en voz alta

y escuchado en voz baja

o leído en voz baja

y no escuchado

porque ¿quién va a escuchar un poema leído en voz baja?

Cómo decirlo… A propósito, ad hoc, por encargo.

Un poema escrito especialmente para esta noche

tan especial

para vos.

Sí, a vos te hablo,

oh Noche de los Museos

(acá empieza el poema, más o menos).

Yo quiero ser museo

para seducirte y que entres

por las várices abiertas de mis piernas latinoamericanas:

así, a mansalva.

Que me penetres con tu luz oscura, sol de noche,

luz que se drapea, que se pliega,

noche de la estola y del strass,

como diría la Rosa de la patria

internacional de los trabajadores.

Que entres y recorras mis entrañas,

mis bifes de costilla, mi tripa gorda, mis vísceras, mis grasitas.

Que contemples mi interior extasiada,

y digas: ”Ah, ah, ah”,

como en la poesía

mala

y a coro entre miles de visitantes de dos, tres, muchos museos.

El Museo de Arte Barroso Rioplatense y Neo-Litoraleño.

El Museo de Literatura Post-Infra-Multi-Trans-Retro autónoma.

El museo de Cultura Popular y Más-Iva

El Museo de los Tadeys.

El Museo del 7-D y

el Museo del 8-N.

¿Se acuerdan?

El Museo de la Memoria Selectiva del Proletariado.

El Museo del Tricentenario

de la Revolución Cubana.

¿Dónde estaremos entonces, compañeros, camaradas?

¿Qué será de todo esto?

¿Habrá Facebook?

El Museo del Consumo Popular Ilimitado

de Recursos Naturales no Renovables.

El Museo de las Esperanzas y Expectativas de Vida en la Tierra

El Museo de la Súper-Tierra a 42 años luz,

acá cerquita.

En fin: Museo de la Novela de la Eterna,

Museo de las Musas, silabeo:

millones de visitantes de millones de museos

cada año y en esta noche,

Yeah! To night, con ustedes:

Las mejores mentes de mi generación

-por qué seremos tan hermosas-

destruídas por la locura, histéricas, desnudas

-la murga, los polacos, los cadáveres-

arrastrándose  por los barrios negros a la madrugada

en busca de una droga

curiosa.

Los rebeldes amaestrados y alguna bestia rock

de Adorno

El insecto gordo volador que arroja flechas

envenenadas.

El terrorista del último terror que arrasó con las redes

sociales, individuales.

Aquella que mató al marido antes que él la quemara viva

Aquel que abrió una cuenta bancaria en Uruguay

para las investigaciones del espíritu

extranjero… que pasaba.

Y la chica embarazada que espera la asignación final del universo.

El bombo

y la cacerola:

la noche es una sola, ¡aprovechen!

¡Y que se vengan todos!

Shhh… Acá ya no se puede hablar de política.

Pero esto no es hablar de política.

Esto es solo un poema

que no se sostiene

en el papel

ni sobre el papel.

II

El pelpa, sí: el documento, el…

sobre-cito: cartón pintado.

Pulpa y contenido.

Árbol y pastera.

Hoy es más fácil publicar,

hay aspiración de sobra:

dosis masivas de inspiración por vía aérea,

microdosis por vía endovenosa

e incluso rectal.

Sirve para curar el chancro blando,

el llanto de la bacteria,

el granuloma inguinal,

la vaginosis transgénica,

las verrugas externas y también las internas.

Ahora dicen que la poesía

también es de ayuda en terapia intensiva.

Pero ayer fui al hospital a visitar a un amigo

que hace medio siglo se fue a California

y hace un año volvió a la Argentina

porque allá empezó la crisis y acá, la cosa, divina.

Resulta que se amargó, le cambió todo:

vino a descubrir que tenía un cáncer

en la segunda porción del duodeno.

En la primera sección de islas del Tigre

una vez le pregunté, me acuerdo,

cómo se traducía “beat the reaper”.

Me contestó “esquivar la guadaña”

Ahora yo leo y él está internado

a la espera de un filo, de una cita

de corte pero no de verso.

Asi que no le leí

nada

y menos

de este nocturno insostenible.

Porque además, ojo:

este es un poema que ya se fue con el viento

por las ventanas abiertas de mis esfínteres norteamericanos.

III

Un museo de open doors,

eso quiero ser.

Un museo administrado por drogodependientes.

Ayahuasqueros, santo daime,

místicos vengadores del rock y de la militancia.

Un museo lleno de cuadros

del Partido Peronista Soviético XXIII Congreso.

Cuadros dirigentes y cuadros dirigidos.

Un verdadero museo

de luchas intestinas, de guerras ácidas,

clorhídricas.

Choques no de ideas sino de moléculas,

rizomas y tubérculos

cuadrigéminos

debatiéndose en el acueducto de Silvio,

en la formación gris propia del pedúnculo:

a la vanguardia, el “Locus niger”;

en retaguardia, el cuerpo estriado.

Todo micro, nada macro.

Un museo de revueltas imperceptibles:

la insurrección de las cándidas,

los microbios, las lombrices

solitarias y las acompañadas.

Quiero ser ese museo.

Con un cartel que diga:

“Hoy como ayer

y más que nunca:

No matar la palabra,

no dejarse matar por Ella”.

Y explicar en mesa de entradas a las visitas

que aunque yo aquí lea un poema

que no se sostiene,

o presente un ciclo de lecturas en Plaza de la Lengua,

no tengo la más pinche idea,

no tengo la más parietal, puñetera, fucking idea

de si esto es o no es… poesía

en el papel o fuera de él.

IV

Very well, fandango! dijo el rimero

y se fue de joda a la noche de los museos.

Una de esas noches conocí a un muchacho

que me ofreció su amor

pero no pude corresponderle porque yo ya estaba casado

con una muchacha

que me ofreció su amor

pero no pude corresponderle porque yo ya estaba casado

con un muchacho que…

Cha-cha-cha! Very well, fandango!

Por eso esta noche no voy a leer un poema

de amor:

solo quiero leer un poema

que quizá ya esté leyendo.

-¿Cuánto cobrás por una lectura?

-¿Acá, de parado?

No sé si tengo uña, guitarrero.

No sé si soy capaz, mi capataz.

Puedo intentarlo, tengo referencias, le muestro mi a-cv

Alguna mala lengua me atacará por twitter,

dirá que soy un chantapufi,

un pedo al aire: puf! y…

Ya es un hashtag.

Como un pelo en el pedo,

que se vuela,

algo inútil,

que no sirve para nada,

más que para anunciar un poema que…

la verdad, te cuento, la posta, entre nos:

no existe.

Y la única verdad es la realidad.

O las únicas 20 verdades son las únicas 20 realidades.

Alguien del público ya empieza a gritar:

“¡Esto no es arte, es una estafa!”

Como si el arte…

Sigo leyendo.

Otra que vino con la banderita dice:

“¡Basta de robar con la cultura!”

Como si la cultura…

Sigo leyendo.

Otro, más borracho, me encara:

“¡Terminá de una vez, payaso!”

Como si esto realmente no fuera a terminar

como todo,

de una vez:

La noche, los museos, las várices, las drogas,

los proletarios, la masa, la multitud, el pueblo,

el público, el privado, el dirigente, el dirigido,

los rizomas, las raíces, los tubérculos, los árboles,

las patrias, los soviets, los cuadros, las lenguas,

incluso este poema que nunca fue leído

porque nada,

pero nada,

se sostiene en el papel.

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