Viajera de cien años

“La obediencia es la muerte” escribía Alexandra David-Neel (1868-1969) en su primer libro, A la vida,  publicado por el geógrafo anarquista Eliseo Reclus en 1898. “Y la mejor fuente de la juventud está en la actividad intelectual y en los viajes” reiteró hasta su partida final un mes antes de cumplir los 101, ya conocida como la mayor experta europea en budismo tibetano y haber viajado durante décadas por el continente asiático sobre rutas desconocidas para Occidente, llegando a la inaccesible ciudad de Lhasa cuando estaba estrictamente prohibido el ingreso de extranjeros.

Nacida en París, criada en Bélgica desde los cuatro años, residente en Londres en su juventud, cantante de ópera en Indochina, amiga de círculos libertarios, existencialistas, teosóficos y feministas, Alexandra tuvo la suerte de encontrar un marido como Philip David-Neel, ingeniero de cuantiosos recursos que no solo aceptó que su mujer partiera a solas en 1911, siete años después de casarse, sino que financió buena parte de sus periplos a través de regiones habitadas por bandidos, tigres, lobos, leopardos y refugiados del hambre y de la peste. Pacifista, ella siempre llevaba un revolver escondido entre sus ropas, por las dudas. Leer más “Viajera de cien años”

Para recordar a la Fundación de Alergia al Trabajo

2 de mayo de 1995: primera manifestación del Día Internacional del Ocio en Argentina

Todo empezó con la fotocopia de un volante de cierta Fundacao Nacional para a Alergia ao Trabalho, proveniente de la librería Utopia, en la ciudad de Porto, que Christian Ferrer consiguió no sé dónde y que me pasó como curiosidad. De inmediato nos autoconvocamos en un grupo formado por Ferrer, Cutral –seudónimo de Carlos Gioiosa-, Guido Indij y el que escribe… Así surgió la Fundación de Alergia al Trabajo Regional Argentina, un grupo de agitación y propaganda que ofreció entrevistas a los medios, produjo prendedores para ropa y organizó una marcha a desgano para el 2 de mayo, autoproclamado Día Internacional del Ocio. Leer más “Para recordar a la Fundación de Alergia al Trabajo”

Preferiría no escribirlo

¿Prólogo? a la reeedición de Con el sudor de tu frente. Argumentos para la sociedad del ocio:

Hace más de dos años que intento sentarme a escribir un prólogo para la reedición de este libro. Me siento, pero no consigo arrancar. O si arranco, no termino: lo descarto, me niego a reescribir. Todo lo cual resulta en una pueril pérdida de tiempo. Podría dejar el prólogo original, sin tocarle una coma, pero también esto me resulta imposible. No solo porque haya nuevos textos o falten otros, porque exista ampliación, revisión y necesarias rectificaciones, sino porque aquel prólogo ya no me despierta ni las ganas de leerlo para ver qué puedo copiar y pegar. En realidad, preferiría no mirarlo. Y la razón es solo una: Leer más “Preferiría no escribirlo”

Cerdos y Porteños: De la censura a la palabra

Agustina Paz Frontera en la presentación del libro Cerdos & Porteños en la Facultad de Ciencias Sociales el 28 de mayo de 2014:

El otro día vi en un programa de TV en Canal Encuentro, a Slavov Zizek diciendo que la violencia aparece cuando algo no se ha podido articular como lenguaje, cuando hay un vacío simbólico, es decir que, cuando por algún motivo no podemos hablar, nos ponemos violentos. Me gustó esa idea para explicar provisoriamente lo que vino después del gran silencio impuesto que fue la dictadura del 76. Se venía de la barbarie y el silencio violento: El porteño comienza en 1982, Cerdos & peces en el 83, una mínima luz de libertad empezaba a abrirse. Una de las películas más conocidas de la época es La república perdida, de 1983, un documental histórico íntegramente de archivo, es decir que no hay nada filmado especialmente, y está dirigido por Miguel Perez, un montajista que será el mejor montajista del país pero es un montajista, es decir que forma parte de ese tipo de gente que construye oraciones sin palabras, solo moviendo imagenes de acá para allá, en una película en la que nadie habla en cámara, sólo unas voces en off revisan toda la historia nacional. Y esa pelicula hace una visagra de giro suave, como moviendo una puerta pesada. En cambio, la Cerdos y El Porteño intentaron tirar abajo la puerta. Leer más “Cerdos y Porteños: De la censura a la palabra”

#Quebra-quebra #Perlongher

En “Los devenires minoritarios”, Néstor Perlongher refería a ese Brasil menor, marginal y disidente que cada tanto llega al centro, lo ocupa y se expande desde un chispazo que enciende el reguero de pólvora de la bomba que parece estar siempre a punto de explotar (sobre el abismo de la desigualdad y la micropolítica de los “inconscientes que protestan”, ¿no sería mejor preguntarse cómo es posible que estas revueltas no sean más frecuentes?):

“Guattari comenta el estruendoso quebra-quebra de 1983 (en que las masas llegaron a arrancar las verjas de la gobernación de San Pablo) con otro gurú insureccional, el italiano Toni Negri, y ambos lo ven como un anuncio, a largo plazo, de un nuevo tipo de ‘movimiento autónomo-comunista anarquista´. Dejando de lado el catastrofismo apocalíptico, lo cierto es que estas confronta­ciones salvajes, desterritorializantes, parecen proseguir bajo la forma de una ver­dadera guerra social que devasta las calles del trópico, cobrando semana a semana su macabra cuota de adolescentes negros. Escasa atención se les concede, empero, a los impulsos de fuga que animan muchos de esos procesos de marginalización, fuga de la segregación y la modelización normativa que no por desesperada deja de ser elocuente. No más que poetas como Roberto Piva se muestran capaces de ver -en versos como ´adolescentes maravillosos incendian reformatorios´ – el conte­nido deseante de esas fugas.
“Algunas de esas tentativas saben arrojar resultados trágicos. Véase el caso del adolescente Naldinho, que se arroja a un raid homicida, al grito de: “Para escapar­me, mato al que se me ponga enfrente”, donde parece desencadenarse cierta pa­sión de abolición que toma la destrucción (y la autodestrucción) como objeto… La habilidad del cartógrafo deseante residirá en dar cuenta de esas conexiones de flujos múltiples, que van en un sentido disruptivo con relación al engolado ´caretaje´facsimilar, para señalar puntos de pasaje, de articulación, de intensificación”. Fue publicado primero en El lenguaje libertario y luego en Prosa plebeya. Puede leerse completo por acá.

De la conquista del pan al software libre

Entre Kropotkin y Stallman, un rastro de carmín delineado por Juan J. Mendoza dentro de su lectura “Variaciones sobre el canon digital”, el 31 de agosto en la cátedra Tao en Periodismo de la Facultad de Ciencias Sociales (UBA):  el sistema de autoedición imaginado por el geógrafo anarquista ruso en su libro La conquista del pan anticipa “las primeras sinopias de plataformas de edición tipo blogger, wordpress o tumblr”, del mismo modo que la propuesta de Kropotkin de un trabajo científico cooperativo para redactar la Enciclopedia Británica sería “un esmerado antepasado de la Wikipedia” tal como de “la literatura del software libre y de ensayos como el GNU Manifiesto de Richard Stallman”. Se lee completo por acá.

Por qué no soy anarquista

Porque quiero que el aborto libre, seguro y gratuito en los hospitales públicos sea aprobado ya! por los legisladores argentinos.

Porque si mi casa se incendia –o la del vecino- llamo al 911.

Porque el servicio teléfonico de emergencia 911 que rige de Alaska a Tierra del Fuego para coordinar bomberos, policía, ambulancias, etc. existe sobre la base de Estados con bomberos, policía y ambulancias.

Porque anarquista no es el que quiere sino el que puede (Jesús Gil)

Porque anarquistas eran los de antes.

Porque anarquistas de antes fueron quienes mejor pensaron y articularon los ideales de libertad y de igualdad (no puede existir una sin la otra) en tiempos en los que el Estado era garante armado del orden y la propiedad, mientras que ahora estamos en tiempos de erosión y corrosión del Estado por parte de grupos y mafias económicas legales e ilegales.

Porque me alegra o me siento aliviado cuando un Estado condena a un represor culpable de delitos de lesa humanidad.

Porque el anarquismo es una idea de belleza suprema, una sensibilidad o un arte vital pero no una ideología ni una serie de certezas.

Porque cuando el anarquismo se tranforma en ideología –en conjunto de ideas y representaciones de la realidad- me parece que la actitud más anarquista es afirmar el poder de actuar y decidir libremente acerca de sí mismo.

Porque si tengo un accidente espero llegar a tiempo a la guardia de un hospital público.

Porque se necesitan mejores hospitales públicos, con medicinas convencionales y alternativas, con apoyo al derecho a la vida y al derecho a la muerte, con aborto gratuito, con profesionales y voluntarios sostenidos por algún tipo de estructura estatal o institución que concentre los recursos financieros necesarios para ese soporte.

Porque si queremos que las sociedades actuales se organicen en formas anárquicas, autogestivas, socialista-libertarias habría que demoler las ciudades con sus shopping centers y otras catedrales del consumo, cambiar la forma de pensar de la mayoría de los habitantes, incentivar la emigración fragmentada a pequeñas unidades cooperativas –granjas, comunas- y empezar de cero.

Porque sería demasiado autoritario poner en práctica todo lo propuesto en el párrafo anterior.

Porque hoy me gano la vida trabajando en la universidad pública.

Porque la educación pública es un desastre pero también un derecho y un espacio de resistencia a la desigualdad de oportunidades y un modo ineficiente de formación de sujetos para el mercado laboral y un ámbito de socialización que podría ser mucho peor y también una forma de ganarse la vida

Porque no espero que el Estado me pague un sueldo ni garantice mi jubilación mientras organizo discursos críticos contra ese Estado.

Porque decir “soy anarquista” en abstracto hoy no quiere decir nada o quiere decir algo contingente, circunstancial, variable, abierto a la multiplicidad.

Porque hay tantos anarquismos como anarquistas. Por ejemplo:

El anarquismo ortodoxo de Bakunin.

El anarquismo heterodoxo de Proudhon.

El anarcafeminismo de Emma Goldman

El anarcocomunismo de Malatesta

El anarcaindividualismo de Armand

El protoanarcoexistencialismo de Stirner

El anarcocinismo punk de Johnny Rotten y Malcom Mc Laren

El anarcoultraliberalismo del banquero de Pessoa.

El de mi papá cuando hablaba de los linyeras de su época: “Casi todos eran anarquistas. Con la vida que hacían, qué otra cosa podían ser”.

Etcétera.

Porque me inclino hacia el anarquismo pero parece que nunca llego a serlo.

Porque el anarquismo se me ocurre más como un sentir que como un ser. No soy, lo siento. O lo soy cuando me rebelo contra la autoridad, la ley, la propiedad, la religión, la ideología –incluida la ideología anarquista- así como también puedo ser autoritario contra los que no aceptan mi rebeldía. Es decir, puedo ser anarquista a veces y a veces autoritario, con matices en el medio. Incluso mientras escribo esto, mi inclinación al anarquismo oscila de alta a baja intensidad.

Porque mejor que ser anarquista hoy es proponer arquetipos, modelos éticos, formas de existencia política en las cuales la libertad es experiencia vivida y voluntad renuente a sacrificar los medios por los fines. Vidas ejemplares que testimonian o anuncian la posibilidad de existir a pesar de (y en contra) toda autoridad y domino social.

Porque si el anarquismo es un género literario antes que el anarquismo prefiero la anarquía, la mezcla y la contaminación de géneros.

Porque si yo fuera anarquista, me habrían desenmascarado sin dificultad (Ernest Junger).

Porque prefiero vivir en solitario, bajar o subir del  muelle o la estación que se me ocurra, sin llamar la atención, sea en isla o continente, ciudad o campo, jungla o civilización.

Porque si para expropiar a los que tienen y repartir entre los que no tienen hace falta una intervención con cierto grado de violencia, para colaborar con ese cambio tendría que obedecer a una autoridad armada (sea jefe de banda, líder miliciano, oficial o funcionario político de un Estado).

Porque no obedezco a ninguna autoridad si no deseo, si no me conviene o si no me veo forzado a hacerlo para mantenerme con vida.

Porque soy anarquista.