Yo aborté

En los años ’90, un puñado de celebrities argentinas relató por primera vez a un medio su experiencia íntima del aborto, retomando el histórico manifiesto setentista francés de las salopes (atorrantas o putas), en el cual famosas de ese país declararon “Je me suis fait avorter”. Este es el punto de partida que eligió la activista feminista queer Mabel Bellucci para su nuevo libro Cartografías del cuerpo. Las luchas por el derecho al aborto en Argentina. En un adelanto publicado el último 7 de junio en Las 12, Bellucci escribe:

Nuestras propias atorrantas

En 1994, por primera vez en la historia nacional del debate en torno del aborto clandestino, un puñado de mujeres se atrevió a contar sus experiencias de haber abortado, y sus formas de transitar esa vivencia, en un medio gráfico. Ellas decidieron hablar en voz alta, sin hipocresías. Figuras representativas y “excepcionales”, reconocidas por sus profesiones y por su notoriedad –o simples ciudadanas– se expedían públicamente en esta cuestión para desenterrar lo que se mantuvo con mudez tanto por parte de los partidos políticos mayoritarios como del Estado. En esta oportunidad, al igual que en otros tantos países, se retomaba la tradición feminista de los años ’70, en especial, de la paradigmática campaña francesa. Sin más, cientos de famosas y destacadas de las artes, la literatura y las ciencias, tales como Jeanne Moreau, Christiane Rochefort, Violette Leduc, Dominique Desanti, Catherine Deneuve, Marguerite Duras, Monique Wittig, Giséle Halimi y Simone de Beauvoir firmaron el histórico documento conocido como el “Manifiesto de las 343 salopes”, atorrantas o putas en castellano. Leer más “Yo aborté”

El idioma de las argentinas

Y ahora que se ha vuelto políticamente correcto decir “argentinos y argentinas” (CFK) o “periodismo para todos y todas” (Lanata), y que en el suplemento Soy de Página 12 se escriben vocales con x y en otros lugares con * y @, mientras la Real Academia de la Lengua Española contraataca frente a la ofensiva de las guías de lenguaje no sexista en ámbitos universitarios, gremiales y municipales de la Madre Patria o del Padre Matria, y en tanto se siga discutiendo cómo trasladar la neutralidad de signos como la arroba o el asterisco al lenguaje oral, creo que puede haber llegado el momento, la oportunidad de dar un paso más, de experimentar con la incorrección, de probar con la inversión del genérico en la conversación pública de este país, al menos.

Porque con una ayudita de la anárquica letra A, todos seríamos argentinas. Leer más “El idioma de las argentinas”

Detesto tus ideas pero ¿daría mi vida por tu derecho a expresarlas?

La frase que hoy puede aplicarse a la invitación a Vargas Llosa para la apertura de la próxima Feria del Libro de Buenos Aires es (sin los signos de interrogación y en francés) bella aunque también exagerada y tal vez hipócrita, además de atribuida erróneamente a Voltaire y en otros términos: “Je déteste ce que vous écrivez, mais je donnerai ma vie pour que vous puissiez continuer à écrire”.  La tolerancia no exige tanta máscara. Puede decirse con las palabras de Cristina Fernández según paráfrasis de Horacio González (“no es concebible la vida literaria y el compromiso con la ensayística social sin un absoluto respeto por la palabra de los escritores –o de cualquier ciudadano–, cualquiera sea su significación o intención”), después de la primer carta que escribió el Director de la Biblioteca Nacional contra la invitación al reciente premio Nobel. La operación metió algún ruido en los pasillos de la “cultura nacional” y aparecieron declaraciones a favor y en contra en algunos medios argentinos, de las cuales recorto: Leer más “Detesto tus ideas pero ¿daría mi vida por tu derecho a expresarlas?”

Yo no me moriré en París con aguacero (Zelarayán)

Este “poema” tiene unas ganas bárbaras de seguir…
Y sigue y seguirá toda la vida,
solo o en compañía…
incluso en compañía de la muerte,
que evidentemente existe.
En último caso,
coma sobre él,
coja sobre él,
mee sobre él,
escupa sobre él.
vomite sobre él,
cague sobre él,
duerma sobre él,
viva sobre él,
muera sobre él,
y ríase sobre él.
Preferentemente en compañía
o solo, si no hay más remedio.
Este “final” podría parecer demagógico…
Pero si uno se muere nadie se animará a compañarlo (¿o sí?).
Evidentemente, uno tiene que nacer solo (mellizos aparte)
y morirse solo…
No hay vuelta que darle.
Nadie lo acompaña a uno a meterse (a la fuerza) de cabeza en
la muerte (¡oh la Sombra!)
o meterse de cabeza en la vida (¡oh la luz!).

Ricardo Zelarayán (21 de octubre, 1922 – 29 de diciembre, 2010)

Fragmento de “La razón pura o el sueño de la lógica implacable” (a leer entero en Acción literaria)