Rapsodia sobre el lado salvaje

En Walking (Caminar), esa conferencia que Henry David Thoreau solía dar en sus últimos años de vida y que fue conocida postmortem en forma de ensayo, puede encontrarse lo mejor de ese “noble rebelde”, como lo llamó Virginia Woolf. Este pequeño libro (recientemente publicado por Interzona) ofrece una síntesis del pensamiento y estilo de un escritor al mismo tiempo vitalista y puritano, libertario y naturista que llamaba a desertar de la sociedad pero podía amar “el sonido de una trompeta en una noche de verano que por su salvajismo, sin ironizar, me recuerda los aullidos de las bestias en sus bosques de origen”. Leer más “Rapsodia sobre el lado salvaje”

Sánchez por mariani

―¿Qué entiende específicamente por antiliterario?
―Entonces le contesto por la otra punta: toda literatura literaria, todo gesto culterano o pretendidamente ideológico, se nos transforma poco a poco en mentira, en convicción espantosa, en cháchara orgullosa. La literatura literaria, en este sentido, parece no tener límites, tal vez porque cualquiera puede sentarse y escribir de acuerdo con lo que leyó mal, al sentimiento que cree inaugurar, a la pólvora que cree descubrir. Cualquier otra actividad artística requiere una unidad y dedicación que la literatura, por tratarse de palabras, parece obviar. De ahí que todavía se puede asegurar lo que él pensó y lo que ella sentía. Si el acto de la escritura es un acto esencialmente ético, de posible verdad consigo mismo, entonces toda vieja convicción literaria se hace dinosáurica por sí misma, se hace cada día menos soportable.
-Fragmento de la entrevista a Néstor Sánchez en ARTiempo, 1969, que recupera Golosina Caníbal gracias al aporte de Federico Barea. Se lee entera por aquí.

Lamborghini en Barcelona

osvaldo lamborghini

Desde Berlin, Jorge Locane escribe un comentario sobre la reedición de El Fiord por Ediciones Sin Fin en Barcelona, recogiendo el guante de las discusiones generadas por la lectura del libro en Argentina, luego de haberle prestado a Ricardo Strafacce el ejemplar que me hiciera llegar Ana María Chagra. Los artículos de Echevarría y de Strafacce a los que hace referencia el texto fueron publicados en Perfil Cultura y pueden leerse por aquí:
http://www.perfil.com/cultura/La-flor-en-el-fango-20150131-0973.html
http://www.perfil.com/cultura/Tango-del-viudo-20150215-0007.html Leer más “Lamborghini en Barcelona”

Un cuento de Ambrose Bierce

Un grupo de ex estudiantes de Comunicación me invitaron a leer y grabaron en podcast para su página “Recital” a partir de la idea de que un escritor elija un cuento de otro. Participaron hasta ahora Ezequiel Alemian, Virginia Cosin, Pablo Katchadjian y Ricardo Strafacce. Yo elegí “Una conflagración imperfecta” de Ambrose Bierce. Se escucha por acá:

http://www.ivoox.com/osvaldo-baigorria-lee-una-conflagracion-imperfecta-ambrose-audios-mp3_rf_4257366_1.html

ambrose bierceSobre las huellas que dejó Bierce antes de desaparecer en México, puede leerse algo por acá.

18 whiskies y un pico de morfina

En el mejor momento de su trayectoria, Dylan Thomas (1914-1953) tuvo la pésima idea de alardear que había bebido de más. O mejor dicho, más de lo que realmente había bebido.
A sus 39 años, ya era considerado por críticos de EE UU y Gran Bretaña como “el mejor poeta inglés contemporáneo”, un “creador de lenguajes y nuevas modalidades métricas” o simplemente “un genio”. Premiado a ambos lados del Atlántico, contaba con la flamante publicación de sus Poemas completos, que recopilaba casi toda su producción desde 1934, y además disfrutaba de su fama como hábil narrador en varios géneros, desde una biografía novelada de Joyce hasta cuentos y relatos radiofónicos, pasando por guiones cinematográficos y obras teatrales como Bajo el bosque lácteo, que entregó a la BBC poco antes de viajar a Nueva York para el que sería su último grand tour poético.
Hospedado en el legendario Chelsea, el “hotel de los artistas” del Greenwich Village, famoso por haber albergado a Mark Twain, Thomas Wolfe y Henry Miller, desde su arribo el galés se habría quejado de dolores en el pecho y de asfixia. No lo ayudó la contaminación ambiental de la ciudad, que entre octubre y noviembre de 1953 llegaría a niveles récord para la época. Ocurre que Dylan Thomas sufría de los bronquios, utilizaba un inhalador para ayudarse a respirar y en esos días probablemente ya estaba en desarrollo la neumonía que se le descubrió demasiado tarde en el hospital. Igual cumplió con sus compromisos: leyó Bajo el bosque lácteo al público en Cambridge, grabó la obra en Manhattan y se preparó para representarla en el prestigioso Poetry Center de Nueva York, cuyo director, Paul Brinnin, también era agente de ese tour literario por el cual cobraría un 25 % de las ganancias del escritor. Leer más “18 whiskies y un pico de morfina”